Karina Milei logró postergar la interpelación a Adorni en el Senado
26 de junio de 2026
La Libertad Avanza y el PRO vaciaron el recinto y dejaron caer la sesión para salvar a Manuel Adorni de la interpelación por sus inconsistencias patrimoniales. La maniobra oficialista fracturó a los bloques aliados y provocó la renuncia histórica de Esteban Bullrich al partido de Macri: "La conveniencia política pesó más que la ética".
La maniobra, digitada desde la Casa Rosada por Karina Milei bajo la premisa de "proteger a Adorni a cualquier costo", no solo dejó al descubierto el pánico del oficialismo a dar explicaciones. También rompió los bloques aliados, detonó una crisis terminal en el PRO con la renuncia ruidosa de Esteban Bullrich al partido, y congeló leyes clave que el propio Gobierno reclamaba, como la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada de Federico Sturzenegger.
Donde el relato libertario promete transparencia, el recinto del Senado mostró diputados y senadores escondiéndose detrás de las cortinas para no loguearse en el sistema.
La orden de Karina y el desbande en el recinto
La sesión ordinaria del jueves parecía encaminada bajo un temario consensuado en Labor Parlamentaria. Pero el fantasma de la interpelación a Adorni cambió los planes a último momento. El misionero Martín Göerling (PRO) tenía listo el pedido sobre tablas para que el jefe de Gabinete fuera a dar la cara el 2 de julio. Ante la certeza de que los números para arrancar la sesión estaban ajustados y de que Adorni quedaría "en la parrilla", llegó la contraorden directa de la Jefatura de Gabinete y "El Jefe".
A las 11:16, la jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, entró al recinto escoltada por Ezequiel Atauche y Carolina Losada. La indicación fue taxativa: pararse y no dar quórum.
La escena rozó el ridículo. Senadores oficialistas como la neuquina Nadia Márquez o el rionegrino Enzo Fullone caminaban por el hemiciclo sin sentarse, mirando de reojo las pantallas. En los palcos, el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, levantaba el pulgar sin entender la payasada reglamentaria. El interbloque de José Mayans (Unión por la Patria), con la astucia del que sabe cuándo dejar que el enemigo se equivoque solo, ni se asomó al recinto. Sin los 37 necesarios, a las 11:31 el presidente provisional Bartolomé Abdala tuvo que decretar la muerte de la sesión con apenas 25 presentes de los bloques provinciales y un puñado del PRO y la UCR.
La justificación posterior de Patricia Bullrich ante la prensa fue pura pirueta discursiva: “Los que venían con un proyecto de interpelación eran los kirchneristas y ellos debían haber garantizado el quórum. ¿Por qué deberíamos darlo nosotros?”. Una mentira fáctica burda: el proyecto que caldeaba la mañana era del propio PRO aliado, no del peronismo. El fastidio flotaba en el aire. Luis Juez se retiró masticando bronca: "No tengo ganas de estar sentado como un boludo".
La "interpretación torcida" y la fractura expuesta del PRO
El fondo de la discusión revela el nivel de blindaje que la Casa Rosada exige para sus filas. Mientras el peronismo y los bloques federales sostenían que para citar al jefe de Gabinete alcanzaba con una mayoría absoluta (37 votos), el oficialismo —acompañado de apuro por la conducción del PRO— sacó de la galera la teoría de que se requerían los dos tercios (48 votos) bajo una libre interpretación de la moción de censura.
“Quien vota con ese criterio es porque está protegiendo a Adorni. Tienen vergüenza de presentarse al recinto haciendo una interpretación tan torcida de la Constitución”, disparó José Mayans tras la caída de la sesión.
Pero el verdadero terremoto político ocurrió en el búnker amarillo. El PRO venía de una semana donde sus espadas legislativas acusaban a Adorni de "mentirle al país y evadir impuestos". Sin embargo, a la hora de las verdades, la conducción de Mauricio Macri acató la orden de la Casa Rosada de planchar el debate.
Esta claudicación ética fue el límite para un histórico del espacio. Esteban Bullrich pegó el portazo definitivo y presentó su renuncia al PRO mediante una carta durísima enviada a Macri. El exministro y exsenador no se guardó nada:
“La protección brindada al jefe de Gabinete fue el hecho que terminó de hacer evidente la distancia. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”, fustigó Bullrich, hiriendo de muerte la narrativa de "superioridad moral" que el PRO residual intenta ensayar en su cohabitación con Milei.
Inmediatamente, Fernando de Andreis (secretario general del partido) saltó a cruzarlo en redes argumentando que "no es verdad que el PRO haya elegido proteger a Adorni", intentando apagar un incendio que ya tiene las llamas en el techo.
De la parrilla a las comisiones: el escándalo no se apaga
Al final del día, la jugada del Gobierno para enfriar el "Efecto Adorni" es apenas un respirador artificial de corto plazo. Al frustrarse la sesión, los expedientes fueron girados a la Comisión de Asuntos Constitucionales, convocada de urgencia para el próximo 1° de julio.
Allí, la cuenta matemática le da pésimo al oficialismo: sobre 17 miembros, el peronismo cuenta con 6 bancas propias, a las que se suman los aliados federales y radicales heridos por la maniobra. En esa comisión, la oposición tiene el camino allanado para sacar un dictamen de mayoría por la interpelación y volver a llevar a Adorni al centro del ring en el recinto, donde solo necesitarán mayoría simple para aprobarlo.
La Libertad Avanza y sus socios circunstanciales festejaron haber ganado veinticuatro horas de tiempo. Sin embargo, el costo de la victoria fue altísimo: dinamitaron los puentes con los sectores dialoguistas, rompieron al PRO por el eje ético y le demostraron a los trabajadores argentinos que el ajuste salvaje y el rigor de la ley son solo para los de abajo; para los funcionarios que no pueden explicar sus miles de dólares, siempre habrá un bloque entero dispuesto a vaciar el Congreso.

