La Iglesia advierte a Milei: "Falta diálogo y empatía" y alerta por la "parálisis del desempleo"
26 de mayo de 2026
En el Tedeum del 25 de Mayo, el arzobispo García Cuerva sacudió al oficialismo al advertir sobre la "parálisis" que provocan la falta de trabajo y el ahogo a la clase media. Un duro reclamo de empatía y diálogo frente a un Milei que escuchó en primera fila los límites éticos al ajuste individualista.
A partir de una metáfora evangélica sobre un paralítico y los hombres que lo cargan para buscar una solución colectiva, García Cuerva apuntó directamente contra la insensibilidad de la gestión actual y la falta de empatía con los sectores más postergados. Para el prelado, la verdadera "parálisis" que hoy sufre la sociedad argentina no es técnica ni macroeconómica: está ligada de forma directa a la falta de empleo, la destrucción de la educación y la pérdida sistemática de oportunidades para la clase media y los trabajadores asalariados.
El fin del individualismo de mercado
El corazón del mensaje de García Cuerva caló hondo en el dogma libertario. En un contexto donde desde la Casa Rosada se promueve el sálvese quien pueda y se concibe al país como un mero mercado de transacciones, el arzobispo plantó una bandera netamente humanista y colectiva: "No somos una suma de individuos que circunstancialmente viven en un territorio. Somos mucho más que eso: somos una Nación", sentenció.
Esta definición eclesiástica representa un límite ético directo contra el intento oficial de desmantelar el entramado social y las funciones básicas del Estado. La advertencia sobre el avance del individualismo descarnado resuena con fuerza en los barrios y las fábricas, donde las familias trabajadoras ya no solo sufren la licuación de sus ingresos frente a tarifas impagables, sino el desamparo de un Gobierno que se desentiende de las consecuencias de sus propias decisiones económicas.
Con el conocimiento quirúrgico de quien camina los pasillos institucionales, García Cuerva no dejó pasar la violencia retórica que el oficialismo utiliza como principal herramienta de construcción política. El pedido de "desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias" fue un dardo directo al corazón de la estrategia de comunicación oficial, usualmente delegada en ejércitos de troles y descalificaciones sistemáticas hacia todo aquel que exprese un disenso.
La reacción en la periferia oficialista no tardó en llegar: desde el riñón legislativo de La Libertad Avanza, figuras como Bertie Benegas Lynch salieron rápidamente a cruzar al arzobispo con el viejo manual de la polarización, acusando a los obispos de "militar con sotana". Es el reflejo condicionado de una dirigencia que carece de reflejos para el debate de fondo y que prefiere el barro de la intolerancia antes que sentarse a construir consensos mínimos.
Mientras los índices de confianza en el gobierno continúan mostrando un goteo constante y la recesión económica congela la actividad de las pymes y los comercios de barrio, la Iglesia dejó en claro que la salida a la crisis no vendrá de la mano de la especulación financiera ni del egoísmo de mercado, sino de la reconstrucción urgente del diálogo y el entramado social de los que verdaderamente sostienen al país con su esfuerzo diario.

