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El gobierno "deslomándose" en Nueva York mientras cierran las empresas y la gente no llega a fin de mes


12 de marzo de 2026

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Mientras el gabinete nacional pasea con sus parejas en Nueva york, en el país aumentan los comedores, cierran empresas y se multiplican las denuncias por manejos irregulares dentro de la propia administración libertaria.

En medio de una Argentina atravesada por el ajuste, la caída del consumo y el crecimiento de la pobreza, el vocero presidencial Manuel Adorni volvió a quedar en el centro de la escena por su viaje a Nueva York. La agenda oficial habla de reuniones y actividades institucionales, pero la visita ocurre en un momento particularmente sensible para millones de argentinos que enfrentan una situación social cada vez más crítica.

Mientras desde la Casa Rosada se intenta proyectar una imagen de normalidad económica y respaldo internacional, puertas adentro del país el panorama es muy distinto. Los comedores comunitarios advierten que cada vez más familias dependen de la asistencia para poder comer, los municipios alertan por una creciente demanda de alimentos y numerosas pequeñas y medianas empresas comienzan a bajar sus persianas frente a la caída del mercado interno.

En el gabinete tampoco cayó bien que Adorni saliera a decir que en la comitiva había esposas de otros funcionarios. El ejemplo de Pablo Quirno dejó aún más expuesto al jefe de gabinete: el canciller dejó trascender que le pidió a su esposa que vaya a Nueva York una semana antes, por avión de línea.

Pero además Adorni, que maneja la comunicación del gobierno, enfrenta cuestionamientos por sus torpes justificaciones posteriores al escándalo. El jefe de Gabinete se convirtió en Trending Topic luego de decir que se había a Nueva York a "deslomar", una expresión que provocó una catarata de burlas y memes, hasta en canales de noticias como TN.

La polémica por el viaje de Adorni no se limita únicamente a su presencia en Nueva York. En las últimas semanas también generaron ruido otras situaciones vinculadas a su entorno, como el viaje de su esposa a la misma ciudad estadounidense y el vuelo en avión privado a Punta del Este, episodios que reavivaron críticas en un contexto social donde el Gobierno pide sacrificios permanentes a la población.

Adorni no tiene manera justificar el gasto de 5345 dólares del pasaje que dijo que había sacado para su mujer, que por un cambio de fechas en el viaje de Milei terminó subiéndose al Tango 01, ni los 10 mil dólares que costó el alquiler del avión privado para ir al exclusivo balneario de Punta del Este.

Según reveló elDiario.Ar, el jefe de Gabinete pagó el pasado 12 de febrero 10 mil dólares para viajar al carnaval de Uruguay junto a su familia en un avión Honda Jet, matrícula LVHWA, contratado al operador Alpha Centauri. En su regreso, el 17, solicitó hacer el trámite de migraciones en un hangar de San Fernando para no ser visto.

El salario de Adorni ronda los 3,5 millones de pesos, unos 2.500 dólares. Los colegas contadores del libertario hacen la simple matemática que para pagar los 15 mil dólares que se gastó en menos de un mes, sólo en aviones, necesita sobrevivir seis meses sin comer y a oscuras.

Al mismo tiempo, el oficialismo enfrenta cuestionamientos políticos y judiciales que agregan tensión a un escenario ya complejo. Las denuncias sobre presuntos retornos del 3% en distintas áreas del Estado y el avance de la causa Libra comenzaron a instalar dudas sobre el funcionamiento interno de la administración libertaria.

Para un gobierno que llegó prometiendo ordenar las cuentas públicas y reconstruir la economía, el principal desafío hoy parece estar en la calle. La inflación golpea con fuerza a los sectores más vulnerables, el consumo continúa en retroceso y el tejido productivo muestra señales de deterioro en distintas regiones del país.

En ese contexto, las imágenes de funcionarios viajando al exterior o vinculados a situaciones de privilegio adquieren otra dimensión política.

No se trata solo de un viaje o de una polémica puntual. Lo que empieza a instalarse es una sensación de distancia entre la agenda del poder y los problemas cotidianos de la sociedad. Mientras el Gobierno discute inversiones, reuniones internacionales o posicionamiento político, miles de familias enfrentan dificultades concretas para llegar a fin de mes.

Y cada gesto de la dirigencia, en un país donde crecen el hambre y los cierres de empresas, se vuelve inevitablemente más visible y más difícil de justificar.

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