Macri endurece su discurso y el PRO activa la distancia: crecen las dudas sobre Milei y Adorni
14 de abril de 2026
En medio de los escándalos que golpean al Gobierno, Mauricio Macri volvió a escena con críticas a la “improvisación” y el PRO empezó a marcar límites. Sin romper, pero tomando distancia, el macrismo recalibra su estrategia mientras crecen las tensiones internas en el oficialismo.
En la cena de la Fundación Pensar, el expresidente fue directo: “Lo peor que hay en el mundo es improvisar. La Argentina ya tuvo demasiadas improvisaciones”. La definición no fue casual ni abstracta. Fue, en los hechos, una señal hacia el gobierno de Javier Milei, en un momento atravesado por ruidos internos, desgaste y escándalos.
La escena no fue aislada. Puertas adentro del PRO, el clima es otro: preocupación, cálculo electoral y una pregunta que empieza a repetirse sin disimulo sobre el vocero presidencial, Manuel Adorni: “¿Hasta cuándo sigue?”.
El macrismo viene jugando a dos puntas: sostener al Gobierno en el Congreso, pero diferenciarse en el discurso. Esa tensión ahora se volvió más visible. En la misma cena, el PRO buscó mostrarse como algo más que un aliado circunstancial. El mensaje fue claro: no vienen a reemplazar el rumbo, pero sí a “completarlo” con experiencia y previsibilidad.
Detrás de esa frase hay una definición política: Milei ejecuta, pero no alcanza. Y ahí aparece el PRO como garante de gobernabilidad futura, en un contexto donde el oficialismo empieza a mostrar señales de desgaste.
El caso Adorni funciona como síntoma. Las denuncias y polémicas que rodean al funcionario no sólo impactan en la gestión, sino también en la percepción de sectores medios, un terreno clave para el PRO. En ese contexto, dentro del macrismo empiezan a hacer números más fríos: proyectan un oficialismo con menor capacidad de expansión y ya lo imaginan como un competidor debilitado hacia adelante.
La pregunta ya no es sólo sobre un funcionario. Es sobre la capacidad del Gobierno de sostener orden político en medio de la crisis y evitar que los conflictos internos terminen erosionando su base de apoyo.
Nada de esto es improvisado. El PRO volvió a poner sobre la mesa su ambición de ser protagonista en el próximo ciclo político. La cena en La Rural funcionó como una postal de reposicionamiento, con dirigentes, empresarios y un discurso claramente orientado al mediano plazo.
Macri lo dejó entrever sin anunciarlo: el PRO no se baja del tablero. Y, si Milei no logra estabilizar la gestión, tampoco descarta ocupar ese lugar.
El vínculo entre Milei y el PRO entra así en una nueva etapa: menos épica, más cálculo. Sin ruptura formal, pero con señales cada vez más explícitas, el macrismo empieza a correrse de la lógica de apoyo incondicional. La palabra que eligió Macri —“improvisación”— no fue inocente. Fue, en todo caso, el inicio de una campaña.

